La trampa Londoño


He estado haciendo una revisión (muy somera, muy básica) de la historia reciente de Colombia, es decir, de 1900 hasta estos días, para entender un poco por qué nos pasa lo que nos pasa. Brevemente el siglo pasado lo arrancamos con “la guerra de los mil días” bajo un gobierno conservador en el periodo que se conoció como “la hegemonía conservadora”. Estos se caracterizaron por las guerras entre godos y cachiporros (conservadores y liberales) por el control del país (entre muchas otras razones). No podemos olvidar que justamente bajo esta óptica de país dividido, país sin identidad propia, se perdió Panamá en 1903 (claro está, gracias al intervencionismo del norte!).

La hegemonía conservadora se acaba en 1930, año en el cual los liberales se montan en el poder hasta 1946 cuando por divisiones internas pierden el control del gobierno. 1948, un hito en la historia del país demarca el comienzo de un período conocido como “la época de la violencia” (como si esta hubiera acabado en algún momento). Liberales y conservadores seguían enfrascados en la lucha por el poder, los asesinatos, y como siempre el pensar que “yo tengo la razón, por que el pueblo me apoya”. Así se va el país hasta que Rojas Pinilla asume la presidencia, en el 53, y es acogido con gran fervor por el pueblo. De nuevo el pueblo apoya a un gran caudillo, y este usa la razón para poner a unos en contra de otros por que “no nos vamos a dejar”. Después de derrocar a Rojas Pinilla, empieza el Frente Nacional, buscando (ya van más de 50 años) pacificar al país y olvidar que las diferencias son excusas para matar. El Frente Nacional termina en 1974, pero la división del poder entre godos y cachiporros continúa por ahí derecho hasta nuestros días, agravada con la infiltración del narcotráfico en las ya violentas clases dirigentes.

Irse antes de 1900 es irrelevante, más allá de que en 1886 firmamos nuestra primera constitución como país o quedarse en la discusión de si Santander o Bolivar, que si godos o cachiporros, que si liberales o conservadores, que si Uribistas o los del Polo, que si guerilleros o paramilitares. Esta ha sido siempre nuestra historia. Y siempre hay hombres magnánimos como Fernando Londoño Hoyos, que nos ayudan a repetirla una y otra vez y a no salirnos de nuestro violento y precario círculo vicioso de política y violencia basado en “el pueblo me da la razón“.

Dice Londoño en su columna de El Tiempo, del jueves 8 de mayo, que la Corte quiere tumbar al presidente, y que “La cuestión está en saber si los del 83 por ciento lo vamos a permitir”, por 83% refiriéndose a las encuestas de favorabilidad del presidente. Poniéndonos de manifiesto y ante nuestros ojos la misma trampa que se ha repetido una y otra vez en nuestra pauperrima historia, y que nos recuerda que el período de “La Patria Boba” aún no termina. La trampa Londoño es hacernos caer en que si los (hoy) Uribistas o no Uribistas y que si estos o aquellos vamos a dejar que estos o los otros hagan o no lo que nosotros, etc.

Un país que no tiene memoria, simplemente repite una y otra vez su historia, la nuestra la repetimos y por falta de memoria, la seguiremos repitiendo una y otra vez, y otra vez más, el problema más allá de la guerrilla o los paramilitares, es que seguimos permitiendo que inútiles intelectuales nos usen como estúpidos útiles para sus propios fines, para mantener estos ires y venires, para seguirnos matando en un concurso de popularidad, donde solo unos pocos viven del dinero, el poder y la sangre de muchos. Entre esos pocos está este señor, quien perpetúa este círculo vicioso con “La Trampa Londoño”.

Y usted, ya cayó?

Por favor, hay que dejar de leer panfletos como los de Londoño y empezar a leer a Chomsky!

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2 Responses to La trampa Londoño

  1. adriana says:

    creo que a la historia de Colombia le falta análisis, verlo así como sumercé lo ha puesto, da la impresión de que antes de nuestra constitución de 1886 no había nada y que después todo ha sido guerra “bipartidista”… eso olvida los matices y los vericuetos que justamente hacen la historia, y me parece que en consencuencia, cae sumercé en la misma falacia de Londoño (simplificar una problemática muy compleja en una discusión bipolar y de ahí concluir que el pueblo no tiene memoria porque siempre podrán encontrarse bandos encontrados durante la historia de Colombia, o por lo menos desde el momento en que sumercé la empieza a contar).
    Ahora, a pesar de todo, estoy de acuerdo con sus conclusiones. Es bien fácil dividir el país en dualismos que simplemente hablan de “buenos” y “malos”, urbistas y no uribistas, y al mejor estilo del baquero Bush, el que no está conmigo está contra mí. Esa idea elimina los puntos medios, las posiciones eclécticas, hace creen que todo el mundo apoya a nuestro honorable presidente o por el contrario es guerrillero (y en consencuencia aprecia a Chavez o considera que la labor de Piedad Córdoba en la liberación de los secuestrados no fue ninguna)Todo lo cual, reduce la problemática de la violencia en nuestro país, y nos hace creer que el problema se acaba matando guerrilleros, o dicho de forma más “polite” con la política de seguridad democrática.
    Creo que ahí está la falacia de Londoño, y de algunos uribistas radicales no voy a decir que todos los que apoyan el gobierno son así, o que el gobierno no ha servido para nada) que creer que todo el mundo es bueno, menos unos pocos, que como nuestros archirrivales, van por ahí cometiendo delitos atroces sin contexto y sin una realidad social y política compleja detrás. Uribistas que por supuesto se abrogarán la muerte de Tirofijo (y es que al señor Uribe no le vino en mejor momento que al hombre le diera por morirse de lo que fuera) y que pelearán por la reelección, dirán que el Polo y en general cualquiera que se oponga debería irse a follar con Chavez y demás argumentos que ya todos hemos oído. En fin, creo que nuestro círculo viscioso está en la constante a reducir las posiciones contrarias, en creer que el problema es así de simple y ojalá lo fuera, para poder decir que simplemente comíendonos las fichas negras (y ahí va la cuña para el artículo de abajo del blog) los problemas se acaban y entonces queda el colombiano de bien, trabajandor, blanco, pujante, católico, en lo posible paisa, que vive colombia y viaja por ellá y al final grita en las marchas que los buenos somos más!!!!
    Yo creo que tal vez hay que gritar que los pobres son más y que a esas diferencias sociales tan fuertes, a esa colombia excluída, mancillada y seguramente heredera de las discriminaciones desde antes de 1886, es y será siempre el caldo de cultivo para un país violento, desigual, resentido y siempre listo a joder a los que por lo que sea, logran vivir como si Bogotá fuera Miami.

  2. Andrés says:

    Completamente de acuerdo con Adriana, y le doy fuerza a la frase que dice que “el pueblo no tiene memoria” y efectivamente es esa falta de memoria la que ha fregado al país en gran parte. Porque también se podría concluir que los que tenían memoria los mandaron a callar.

    Por otra parte, ese 83% de favorabilidad del presidente me hace pensar en que esa favorabilidad presenta un “bias” o una parcialidad hacia aquellos que son capaces de responder las encuestas, quizás muchas de las cuales sean via telefónica en donde sólo consultan a los que poseen teléfono (muchos pobres, desplazados y marginados quedarían por fuera de la opinión). Esas encuestas de opinión son sólo especulación, pues no es un muestreo propio encuestar sólo a unas 10.000 personas que en realidad no representan nada o representan poco para los 50 millones de colombianos. También habría que revisar las preguntas, pues muchas de estas resultan acomodadas para que el presidente (o cualquier otro) en ningún caso pierda, así como cuando se evalúan los profesores en las universidades, pues por más hijueputa que sea el profesor, siempre cumplió con sus objetivos y nunca se evaluó su metodología de explicación y su imparcialidad.

    Esto depronto nos puede enseñar un poco a que no hay que creer ciegamente en esas encuesticas tan parcializadas que dicen convierten a unos en deidades y a otros en demonios.

    Por último, hay que seguir leyendo panfletos como los de Londoño o si no, cómo sabremos cuan equivocado o acertado puede estar el individuo?… tenemos que evaluarlos, pues si no lo leemos, no podemos levantar las críticas que estamos haciendo en búsqueda de una diversidad de opiniones que cambien un poco el tono de nuestra cultura (en citación a Chomsky “Una lengua es la portadora de la visión de mundo de una cultura y es única para la cultura que la crea. Refleja los valores y los conceptos que se estiman como los más importantes de la cultura. Una lengua describe la cultura de la cual proviene.”).

    Saludos

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